05 enero 2021

EL ARTE DE LA DEFENSA


 

La defensa es un derecho fundamental, inherente a la persona. Es instintiva, cuando la hace directamente el agraviado; técnica, cuando la realiza el abogado.

El abogado defiende haciendo uso de los conocimientos aportados por las ciencias jurídicas, que orientan la interpretación de la norma legal para su aplicación a los casos concretos, en los cuales pudieran estar implicados, eventualmente, los derechos subjetivos o intereses de sus patrocinados.

La defensa que ejerce es de carácter técnico porque persigue la solución de problemas de índole jurídica mediante el empleo de conocimientos científicos. Es, en este sentido, un tecnólogo. No existe una discriminación nominativa al respecto, pero tiene, en ese rol, una función distinta a la del científico del derecho, el jurista, cuya actividad es la investigación y aportes de nuevos conocimientos.
 
Como defensor, empero, el abogado hace uso de otros elementos, complementarios a los que le proporcionan las ciencias de su especialidad, sustantivas y procesales, y el propio desarrollo de su tecnología. Son los medios relacionados con la materialidad, con la verificación o expresión concreta de la defensa.
 
El vehículo por antonomasia, que la hace posible, claro está, es la palabra y todo lo que ella implica. El postulado, el alegato, la contradicción, el interrogatorio, la impugnación, la queja, se sostienen en su dominio.
 
La palabra, a su vez, se vale de otros medios, según los tiempos y avances culturales.
 
Y es acá donde la defensa deviene en arte. En arte porque la palabra, para empezar, es instrumento de belleza. Pero, además, porque implica el uso articulado de aquellos elementos de las ciencias jurídicas, abstractos, con estos medios complementarios, materiales, para lograr el fin de la justicia, que es, que debe ser, la felicidad.
 
Decía que la palabra se vale de otros medios. La elocuencia, la oratoria, en su forma oral. La redacción, en su forma escrita. Pesa, en estos casos, el dominio del lenguaje, la gramática y la sintaxis. 
 
Cuando no había grabadoras, el discurso de los abogados quedaba registrado en la conciencia de los jueces y las actas de los escribanos, escritas con pluma o bolígrafo, y, en tiempos más cercanos, a máquina de escribir.
 
Los tiempos modernos han aportado el uso de grabadoras de alta tecnología, audibles y audiovisuales, que exigen del discurso oral mayor rigor y propiedad, una particular estética.
 
Los abogados, que antes presentaban sus solicitudes manuscritas y, luego, escritas a máquina, han venido en hacerlo con las posibilidades estéticas y correctivas que brindan una computadora y una impresora a colores, de desarrollos tecnológicos sin precedentes.
 
La defensa virtual, ocasional aún, experimental, finalmente, plantea otros desafíos, ninguno exento de la necesidad de expresar el alegato jurídico con propiedad y belleza.

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