No es la lluvia
Que reitera sus cristales
En el parabrisas
Sino tu memoria
El puente inveterado
Llevado por la creciente
Una tarde abatida
Antes que cruzaras el río
La travesía cenagosa
Negando tus pasos
Es decir
Los infinitos puntos
Entre la casualidad y tu destino
El granizo atormentando
Las orejas del mulo romo
En el que cifras
Todas tus esperanzas
Los surcos inundados
Por la humedad
Que les diera vida
No es la lluvia
Sino
El ala cerrada
Bajo la generosa fronda de los árboles
Luego el pasto cubrirá el horizonte
Y de él
Empezarán de nuevo los caminos
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