Retornábamos a casa cuando las sirenas
Anunciaron el receso del mundo
Supimos entonces abandonados por el tiempo
Lo grandes que eran las habitaciones cotidianas
Lo inútiles que resultaban los trajes recién comprados
El entusiasmo de los lugares hace poco conocidos
El mundo no son las noticias del mundo
Los tejados vistos a través de las persianas
La memoria de sus muchedumbres y parajes
Es el vértigo que somos en los semáforos
Los vacíos perseguidos en las calles atormentadas
Las luchas perdidas y las causas ganadas
Las manos extendidas en las aceras del olvido
El calor a pesar todo
El adiós el reencuentro la flor en la rama
El dolor de las agonías que ignoramos
Lo aprendimos
En sucesivos golpes
Ahora que no nos repetimos en el pretérito de sus espejos
Y se ha detenido oscuro a plena luz del día
En una estación del futuro
Cuyas preguntas y respuestas no aprendemos todavía
Se ha detenido sudando sales tóxicas
Quizá cansado de nuestros laberintos
Extraviados en nuestro refugio
Escuchamos los latidos de su respiración ausente
Que se pierden a veces con las sirenas
En las profundidades de la noche
Nadie por nosotros en esta hora
Nadie por los sueños que contenemos y nos contienen
A pesar de la distancia y los abrazos negados
Solos
Nos buscamos desnudos y en silencio
Como dos creaturas recién creadas
Abrazamos a nuestros hijos
Que son todo el amor del universo
Los cubrimos con nuestra indefensión
Les brindamos el valor de nuestros temores
Es nuestro mundo y lo llenamos con la esperanza que nos es negada
Con el amor que crece en los maseteros
Que baja por las escaleras y sube por nuestros destinos
El amor que es el único camino
Hacia los lugares prohibidos
Donde nos esperan
Los corazones que somos y seremos hasta el final de los tiempos
Cajamarca, febrero de 2021
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