21 febrero 2022

COLECCIONISTA DE SOMBRAS


Las cosas han cambiado, como a cada instante, pero, en forma más definitiva, en los últimos años, en que andamos huyendo de un enemigo descomunal y microscópico. Nuestra relación con ellas, quiero decir, no es la misma. Lo constamos en la necesidad que empezamos a tener de algunas que creíamos superfluas; en la falta que han dejado de hacernos aquellas que un día pensábamos imprescindibles; en la carencia de utilidad de otras que nos resolvían todos los problemas.

 

El mundo sigue. No hay forma de volver a los rincones del pasado, de recuperar el afecto por las cosas abandonadas no por obsoletas ni deterioradas sino porque han sido desplazadas por otras que satisfacen mejor la necesidad que las trajo, porque ha cambiado nuestra relación con ellas.

 

Escuchaba, de niño, de un abogado, en mi ciudad, que solía actualizar el texto de las leyes pegando recortes de sus modificaciones publicadas en El Peruano en un cuaderno enorme hecho de papel de bolsa de azúcar.

 

Me sentí en otro tiempo cuando, al empezar a ejercer el oficio, comencé a coleccionar una conocida revista de legislación y jurisprudencia, organizada por ejes temáticos, con cuadros, al final, de las actualizaciones que se hacían en cada mes.

 

Tiempo después de haber enriquecido la colección con compendios de leyes históricas, desde la ley número uno, publicada el 20 de octubre de 1904, que regula la numeraciónde los textos normativosme golpeó la desilusión de que mi esfuerzo de años cupiera en un CD.

 

No me extraña, por eso, ahora, en que ya no puedo usar tampoco el CD, debido a que el ordenador en el que trabajo no lo admite, mi colección ya no me reciba como antesdebido a que todas las leyes, propias y ajenas, están en las nubes virtuales, es decir, en todas y ninguna parte.

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