01 julio 2022

JULIO DE LOS RETORNOS

La nostalgia no es de los lugares. Es de los tiempos.

 

Añoramos los escenarios de la infancia, de la juventud, sobre todo. Cuando volvemos, sin embargo, ellos nos extrañan. Es que ya no somos los mismos y ellos pertenecen a otras infancias y juventudes.

 

No obstante, volvemos, la nostalgia se vive mejor a través de la ventana que vio nuestros primeros pasos, las primeras aventuras, los primeros sueños.

 

Julio es, en Celendín, más que en ningún otro lugar, el mes de los retornos, de las búsquedas, de los reencuentros.

 

Este año, más que otros, seguramente, después de las privaciones impuestas por la emergencia sanitaria, que nos dejó varados en las estaciones del mundo, o exilados en nuestras propias covachas.

 

Las festividades son, creo, un pretexto. Es la nostalgia.

 

Son los pasos que buscan su pasado debajo del asfalto solo por sentir el calor de la tierra temprana.

 

Unos dirán que los trae la fe, que aquí si mueve montañas, otros el calor de las corridas de toros, fiesta bárbara que se niega a morir, por estos lares, solo para justificar el retorno, pero es la nostalgia, la necesidad de sentir el rumor de las tardes pretéritas, de ver los ocasos que se llevaron los asombros iniciales.

 

Ojalá los tiempos que vienen a juntarse, a buscarse, quiero decir, en este tramo eterno de suelo, trajeran, alguna vez, el tiempo de la acción colectiva, cooperante, para hacer de Celendín la tierra próspera que nuestros recuerdos y las nuevas generaciones se merecen.

 

 

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