14 noviembre 2022

EL PROFETA DE LOS VERSOS

«Volverán las oscuras golondrinas» y «Veinte poemas de amor y una canción desesperada» eran sus poemas favoritos. Los declamaba en reuniones amicales, en los bares; en las celebraciones onomásticas de sus allegados; con un alto parlante, a través de la ventana de su casa, habitada solo por su soledad no obstante persistente la familia, ante la infinita calle desolada, en horas de la noche; al borde de la vereda, procurando no interrumpir la labor de los enfrenadores de sombrero, y en los entierros de los notables, cuyas bondades biográficas, además, relievaba con figuras poéticas e inusitada orfandad.

 

Autodidacto; quizá tenía primaria antigua. Versátil comerciante. La plata está tirada en el piso —decía—: hay que saber mover la escoba para recogerla. Él lo hacía, a su manera, vendiendo fósforos, jabones, velas, en una carretilla, en una de las esquinas del antiguo mercado central de su pueblo.

 

Maestro de la longevidad, se ufanaba de su autoproclamada virilidad, sobreviviente a su condición de bisabuelo. Hablaba, en las esquinas, de sus hazañas en la materia con los jóvenes de la época, que le traían remembranzas de sus años mozos, pertinaces en su larga vida.

 

Los vecinos atribuían su conservado estado de salud a su jovialidad, a su espíritu poético, a su entrega a las actividades productivas, a pesar, tal vez, de no tener, ya, necesidades económicas, vividas que habían sido sus etapas de responsabilidad social y familiar; él, desde luego, además, a sus dotes de seductor y al vino tinto.

 

Las calles de la ciudad recuerdan su añeja y elegante figura. A veces de terno negro, con borsalino y bastón, meditando, mirando hacia arriba y hacia abajo, hacia derecha e izquierda, antes de cruzar las calles. Otras, con ropa ligera, un gorrito con visera y de llanques, completamente laboral, llevando su carretilla de mercancías, sin mirar a nadie.

 

Atravesó nuestra juventud sin cambiar de aspecto.

 

Lejos, ya, de la ciudad, me enteré de su partida, a los ciento cinco años, todavía romántico, jovial y productivo.

 

No refiero su nombre, como debiera, fiel a él, que estimaba más importante el recuerdo de su impronta y sus andanzas.

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