Escribo para que no desaparezcan las palabras
Para que no las borre la arena de los días
Para que no las sepulte de las multitudes el silencio
Desde una tarde olvidada escribo
Sobre el árbol a cuya sombra
Mi abuelo paterno contemplaba
El caer de los crepúsculos
Para que no desaparezcan los crepúsculos
Nombro con palabras la ira de los pueblos
La insurrección de la hierba pisoteada
El clamor de los ríos asediados
La estampida de los bosques talados
La sublevación de los parques incautados
El óxido de las lluvias de verano
Las madres con los puños en alto altivas
Y sus hijos en sus espaldas consagrados inocentes
El viento sin velas ni hojas ni cansadas nubes de la protesta
Las voces que no se resignan multitudinarias
Para que no desaparezcan las causas olvidadas
Con palabras señalo el rostro de los tiranos
Sus vestimentas luminosas y sin embargo purulentas
Su bastón de cabeza de cabra y pata de víbora
Sus oídos sordos sus andares cojos sus miradas ciegas
Sus ensangrentadas manos impartiendo paz
Estrechando ajenas otras manos
El brillo de sus espadas a plena luz del día
El filo de sus espadas en la oscuridad plena de los días
Para que no desaparezca la memoria
Para que no crezcan geranios sobre el rastro de los desaparecidos
Para que las palomas no olviden el destinatario de sus cartas
Escribo en los muros para que no desaparezcan los muros
Debajo de los puentes a la manera de un grito escribo
Para que los puentes no se cansen de llevarnos a la otra orilla
No importa si las palabras
Han dejado de usarse
Para nombrar las grietas
Los mensajes explícitos del silencio
Las infinitas formas de la espera
El rostro innumerable de los postergados
La gula inmemorial de los tiranos
No importa si las manos
Secuestradas por los remos
Han dejado de escribirlas
Si los pájaros se cansaron ya de dibujarlas a pesar el viento
Yo las escribo las grabo las echo a volar
A sabiendas de su orfandad inmerecida
Para que no desaparezcan
Para que las especies que tienen la facultad de volar no dejen de volar
Para que el hambre no renuncie a su hora
Para que el pasado abandone su isla perdida en el tiempo
Para que el futuro sepa que presurosos vamos a su encuentro
Cajamarca, 11 de junio de 2023
Daniel Santos Gil Jáuregui
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