22 julio 2023

UNIVERSIDAD Y POESÍA

Tuve la suerte de participar, el pasado 21 de este mes, en el Primer Encuentro de Poetas de Cajamarca, convocado por la Facultad de Educación de la Universidad Nacional de Cajamarca.

 

Aún me embarga la emoción de que la universidad retomara su rol en la difusión del quehacer literario mediante un espacio para compartir, aquilatar y comentar el mensaje poético, como no tengo noticias lo hubiera hecho desde hace algún tiempo.

 

Sorprende gratamente que lo haga ahora, a alturas de la vida en comunidad en que parecieran predominar las formas de comunicación efectistas, despojadas de elaboración estética y rigor sintáctico, a través de lo que son los reales medios de comunicación de masas: redes sociales, televisoras, periódicos virtuales.

 

A estas alturas en que pareciera que la imaginación, la reflexión, la memoria, el raciocinio, atributos que destacan a la raza humana, se rindieran ante el algoritmo, el respaldo magnético, el tráfico electrónico, mediante los cuales se gestionan, mayormente, la información, el cálculo y la solución de los problemas que aquejan a la sociedad.

 

Reivindica la esencia del ser humano que, ante esa embestida de lo artificial, manipulado por el poder, se apele a sus dimensiones primeras, más altas, de veras trascendentes, que le han procurado alcanzar las realizaciones más sublimes, a través de los tiempos, arrancándolo del destino lineal de la materia y ubicándolo en el olimpo de la vida espiritual, el registro de la memoria, la nube traslucida de la eternidad.

 

Anoté en una columna periodística que anda por allí suelta, alguna vez: «La palabra, decantada, elevada a su vocación creadora, es fuente de vida … Los teócratas asumen que somos su encarnación misma, allá en el Paraíso, primero, y, luego, en Galilea, y los evolucionistas que fue ella, la palabra, la que, en el mioceno, en la era terciaria, nos permitió saltar de nuestra pretérita condición de homínidos a nuestra estatura posterior de homo sapiens»

 

Mirar donde la poesía es tomar las primeras aguas, los amaneceres primeros, las pasturas aún no pastadas, las alas recién soltadas al vuelo, que nos devuelvan a nuestro tiempo de tribu, de diseño de las primeras formas de solidaridad, a las primeras manifestaciones del afecto, para, con la energía que de allí nos llegue, encarar la realidad cada vez más hostil que nos espera.

 

Es gratificante, en este sentido, descubrir que, de una u otra manera, en este cometido los poetas no están aislados, leyéndose a sí mismos, como anotan algunas voces poco displicentes.

 

La universidad, que atiente el saber universal, cuya misión es elevar el pensamiento colectivo, engrandecer la espiritualidad y la sensibilidad humana, puede sumarse a esa causa como ha venido en proponerlo, esta vez, la Universidad Nacional de Cajamarca, con mayor autoridad que los niveles de gobierno, que suelen, las más de las veces, guiarse por conveniencias políticas.

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