El tiempo de los poetas no se mide en años sino en poemas.
Lo sabemos después, cuando se han ido.
La muerte es irrelevante para los poetas. Irrelevante la edad. Irrelevante la época.
Solo definen, en todo caso, el rostro de su eternidad o de su olvido.
Melgar, Heraud, Amat, Hernández, Vallejo, Mazzotti, por citar a algunos que en forma temprana desafiaron con sus poemas el tiempo eterno.
Y a otros que aguardaron un poco más, Eguren, Adán, Belli, Wetsphalen, Garrido, con la misma altura.
El tiempo cronológico en sus vidas es un dato, un accidente, que cobra valor en la medida que da paso al tiempo que definen sus poemas.
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