28 diciembre 2020

ESTE ÁRBOL


Este árbol nos abraza hijo mío

Detiene el tiempo

Y nos abraza

Por eso sientes mi corazón en tu pecho

Por eso tus sueños

Vuelan por el cielo de los míos

 

Este árbol son todos los árboles

Si dejase de respirar un instante

El viento olvidaría para siempre

Nuestro canto

Si dejase de elevarse

Un instante

Los caminos olvidarían eternamente su destino

 

Su sombra es la sombra

Su fortaleza la fortaleza

Su equilibrio el equilibrio

 

Precede al calor de las manos

Que lo sembraron

Sucederá a la frialdad de las máquinas

Que lo derriben

 

Este árbol nos ama como a sí mismo

Hijo mío

Si algo escucha nuestro silencio

Ahora

Es el rumor de sus ramas agitadas por el viento

 

Si no estamos solos a pesar de la soledad

Es gracias a la complicidad de su silencio

 

Estamos hechos de su misterio

Y él está hecho de nuestra humanidad

Solo tenemos que abrazarnos

Como viejos amigos

Vueltos a encontrar a pesar de los desiertos

27 diciembre 2020

ALTURAS DE LA JALCA

Es preciso estar en la jalca
Para saber dónde comienzan los sueños
Para entender
La misión del viento
Para extrañar
Los nombres queridos
Es preciso volver a la jalca 
En Navidad
Mirar el mundo secuestrado
Desde la jalca
Es preciso
Para entender
El vuelo de la libertad
El carácter fundacional de la espera
La ley de la gravedad
La humanidad del pan
El agua que corre en el abrazo del prójimo
La presencia de Dios en todo nacimiento


24 diciembre 2020

NAVIDAD

La palabra ahora 
No nos pertenece

No emerge de nuestros
Amaneceres 
Del temor apagado
De la esperanza encendida
Del abrazo negado
De la distancia que crece
De los caminos truncados

No anda llevada por la brisa
Tras los crepúsculos perdidos
Los adioses no queridos
La sed olvidada

La palabra ahora
No nos pertenece
Viene de lo Alto
Única
Absoluta

Si cerramos profundamente
Los ojos
Veremos al Niño que la dice
Cubierto de humanidad
En el Pesebre
         
         Nuestro corazón la escuchará

06 diciembre 2020

UN CAFÉ PARA PLATÓN

Tiempo después de haber abandonado la carrera de ingeniería industrial, realizadas las matrículas en el tercer año de derecho, su nueva carrera, luego de un prolongado silencio, con el que amenizábamos la reunión a la sombra de la ponciana que daba a la entrada del pool de aulas de la facultad, que acogía el retorno de vacaciones, como quien proclama la independencia de la patria, Percy nos dijo que, hecho el balance de su vida y paso por la universidad, es decir, por ciencias y letras, había descubierto su verdadera vocación: cultivar las amistades.

Eran tiempos de extrema violencia, política y no política, de inflación sin precedentes, escasez criminal de productos básicos, desempleo generalizado y pérdida de capacidad adquisitiva. En la universidad, en forma señalada, de vértigo, desamparo, desconcierto, evanescencia. El aciago final de los ochentas.

No todos se habían matriculado aquel período académico. El dinero de los bienes vendidos por los padres, o los salarios, devaluados, no alcanzaban para cubrir los estudios, vale decir el hospedaje y la pensión, de la mayoría de nosotros. Algunos abandonaron el país, llevados por promesas de sobrevivencia en otras latitudes. Otros, cuyos nombres han sido borrados por las dunas, se perdieron en la confusa arboleda de sus ideas.

Era un privilegio poder seguir estudiando, para los que logramos matricularnos, llevar una carrera en medio de la hecatombe, aun cuando sin la certeza de lo que sucedería después, una vez que obtuviéramos el título. El sacrificio de nuestros padres y familiares nos daba esa relativa comodidad, a algunos. Otros, los héroes de la época, trabajaban y estudiaban, en un momento en que no había trabajo y los estudios no podían sino ser presenciales.

Celebramos, protegidos por la sombra de la ponciana, aquella mañana soleada de reencuentro, la abrupta vocación de nuestro contertulio, no tan distante de la nuestra, que habíamos descubierto, hacía rato ya, era lidiar con la poesía, esa otra forma de intentar las amistades.

Entrado el año académico, a tres o cuatro semanas, se llevaría a cabo el congreso de filosofía, en la facultad de humanidades, vecina de la nuestra. Esgrima de filósofos materialistas e idealistas acérrimos, más que encuentro teorético. El país se hundía en el caos, el deterioro económico y moral. Como de costumbre, las élites, corrompidas hasta los huesos, no encontraban la tabla de salvación. La autoridad universitaria entendía, entonces, que su compromiso era dar luces, luces en medio de las tinieblas. Qué mejor que un congreso de filosofía.

En el acto inaugural, hechas las presentaciones de estilo, dichas las arengas, terminado el brindis, cuando iba a darse paso al inicio de las ponencias, Percy, que estaba casi en la parte final del auditorio, pidió le permitieran dirigirse al respetable, ante el desconcierto, natural, de la mesa de honor.

Micrófono en mano, ya en el estrado, previa inhalación diafragmática profunda, como quien proclama la independencia de la patria, mirando fijamente el asombrado rostro de la multitud, empezó a cantar, si, a cantar, a capela, Un café para Platón, la emblemática canción de los ochentas, de Fernando Ubiergo, que narra, precisamente, la historia de un muchacho idealista que dejó su carrera, “como un pitillo a medio terminar”, urgido por la realidad.

Han corrido los tiempos. Percy cultiva amistades, además de ser guía de turismo. Ubiergo censura a los jóvenes que piden una nueva constitución para su patria.

05 diciembre 2020

TIEMPOS MÁSTILES


Aún no llueve
Toda su lluvia
Este
Invierno

Hay tiempos
Que son como mástiles
De barcos
A la deriva

Quisiéramos
Invocar
Imprecar
Gritar
Simplemente
Existir
Pero es la tempestad

Hemos olvidado el sonido
La melodía que rompa los cristales

Aún no abraza toda
Nuestra
Humanidad
Este invierno

Las estaciones pasan
La vida es un río
Que se abre paso entre ellas