30 agosto 2020

EL PÚAS

 

Tendido, o más bien extendido, como lagartija, sobre pieles de oveja, a vecespetates, frazadas o, simplemente, la grama zaherida, en el poyo de la pequeña casa de su madre, viuda y silente, debajo de algún eucalipto, en la ribera del modesto río grande o detrás de alguna capilla, según le daba la hora su reloj biológico, en la lejana comarca, de cielo limpio y suave brisael Púas solía entregarse a las tardes de sol interminablescomo quien renuncia a los laberintos de este mundo, en cuerpo y almapara siempre jamás. No era propiamente un vagabundo. Tenía domicilio conocido, madrugaba a comprar el pan, saludaba a sus vecinos, jugaba al fútbol, como arquero, los sábados, en los duelos que sus contemporáneos improvisaban en un terrero abandonado, a las afueras del pueblo, al que conocían con el nombre de El Panteón ViejoPor las noches se perdía en interminables vueltas alrededor de la plaza de armas, solo o acompañado de algún cómplice ocasional, aficionado al mismo ademán, mientras duraba el tímido alumbrado público, alimentado por un viejo motor que era apagado al cabo de unas cuatro o cinco horas, para evitar que se funda. No se le conocía trabajo, de los que procuran la manutención con esfuerzo, como todo prójimo, quiero decir. Se lo veía, antes bien, en las peleas de gallos, jugando casino en las veredas, billas o damas chinas, o tomando aguardiente en una conocida cantina inmemorial, hundida en las tinieblas. Por allí, seguramente, le caían algunas monedas, por azar, con las que calmaba, en parte, su hambre y su sed. No se sabe que hubiera tenido afición por lo ajeno, es verdad. Se contentaba con lo que tenía, casi nada, pero suficiente para sobrevivir, con tal que no le faltara el calor del sol cuando llegase la tarde.

 

Cuando, andando los tiempos, escucho que los rayos del sol son perjudiciales, que producen cáncer de piel y otros males, razón por la cual es menester embadurnarse con ungüentos mágicos, que venden en las farmacias, eso sí, sobre todo en las zonas altoandinas, en la jalca, en los valles interandinos, de escaso oxígeno y veranos espléndidos, me viene a la mente el Púas, un vecino cuya dieta alimentaria, en mi recóndita comarca, estaba constituiden forma casi exclusiva por rayos solaresvespertinos, de preferencia. Si no lo ha matado el cáncer, porque de falta de trabajo o vacío existencial en este país nadie muere, presumo que debe estar feliz, aun cuando un tanto viejo, oscuro y mal oliente, al escuchar que los rayos del sol, sobre todo en las zonas altoandinas, cercanas a la línea ecuatorial, matan al coronavirus, un virus letal, quizá inventado, quizá mutado, quizá salido del quinto infierno, con el que no pueden los sistemas de salud más avanzados del mundo, menos será el nuestro, que casi no existe.

26 agosto 2020

EN EL NOMBRE DEL PADRE


No existe vegetal que nos dé sombra
Que llene de mieses nuestra mesa
Que abrigue nuestro hogar
Ni futuro
Ni báculo
Que no haya sido
Sembrado por sus brazos
No existen caminos
Ni ideales
Ni latidos
Que no hayan sido echados a andar
Por su fe universal
No existe horizonte
Sueño
Verdad
Alba
Ni crepúsculo
Que no haya sido
Trazado en el infinito
Por la sempiterna luz de su mirada

POIESIS


La idea es comunicar. Demostrarnos que somos colectividad. Células de un organismo mayor, más trascedente, menos liviano, quizá inmortal.
Decir urgencias que todos sentimos, temores que todos enfrentamos, ideas que todos tenemos. Pero decirlas, como si fueran una novedad, una noticia.
La palabra es circulación de la sangre, aun repetida e idéntica, renueva la vida, los sueños.
Es espuela e ijar. Aire y ala. Marea y remo.
Presentimiento y sentimiento. Antes y después.
Comunicar es la idea. Encontrarnos en los rincones, atajos, regazos de la palabra, más allá de su escritura, de su lectura, que son cosas de mortales, en sus caminos comunes, que saben de eternidad.

VIDA



La vida viene de allá
Atraviesa aquellos cerros
Baja al valle
Trepa a través de la sabia de esos eucaliptos
Besa el cielo
Circunda nuestra morada
Y nos abraza
Como una madre a su hijo
Repentinamente recuperado