Ya no son posibles los carnavales de antaño. La ciudad ha dejado de ser el vecindario cómplice y solidario de la cuadra, las calles apacibles y silenciosas, la plaza desolada, las puertas abiertas, el vecino que saluda, la mano extendida, los caminos que traen y llevan al campo circundante. Ya no es posible escuchar a lo lejos el silbido de un violín, el compás de una guitarra, la cadencia de un acordeón, ni reírse de las coplas que de lejos trae el viento. Las calles ahora están atribuladas por el ruido de los motores y las bocinas. Imposible escuchar una parla o una nota musical. Ya no es posible que por la bajada del Cumbe lleguen los trovadores montados a caballo, simulando una ebriedad que no tienen, echándose de atrás para adelante sobre las monturas y cantando sus coplas lugareñas. Que se acerquen a saludar a los vecinos que los incentivan con vasos de chicha de jora y serpentinas. Que dancen con sus caballos alrededor de las banderas. La bajada del Cumbe ahora es paradero de combis y mototaxis, no tiene cabida para el trote de los caballos. Ya no es posible reunirse en las esquinas, por las noches, a dedicarle coplas a la luna, ni durante los días a tirarle globos de agua al sol. La ciudad está ahora congestionada, no se abastece para los transeúntes, no tiene espacio para las patotas, ni para los acaballados, ni confianza para la chicha de jora ni las serpentinas.
Celendín, febrero de 2025.
27 febrero 2025
CARNAVALES DE ANTAÑO
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